Mi jardín secreto.
La ciencia y el arte de la falsificación.
Si hay algo que siempre me llamó poderosamente la atención de este grupo fue su propuesta visual, su afiches eran ciertamente un esplendido derroche de buen gusto y de una sofisticación poco usual dentro de la alicaída escena local, instantáneas de una Lima nocturna casi siempre fugaz y que anunciaban alguna tocada acompañados de alguna banda soporte, entonces; valgan verdades, el grupo me enganchó antes de oírlo, se podría decir que fue literalmente amor a primera vista, y no a oída como debería serlo en este caso. Así, cuando llegue a Lima una de las primeras compras que hice fue esa: La ciencia y el arte de la falsificación.
El disco empieza con Yo no quiero bailar esta noche, un poderoso riff de guitarra que sirve de preámbulo a una canción que invita a creer que estamos ante un disco interesante. Aquí todos saben perder es una decepción total, una voz que no trasmite nada y que ya en el segundo tema acusa limitaciones y poca expresividad.
Lima es un punto alto del disco, obviando claro esa intro que es un calco descarado del de una canción de una banda irlandesa muy popular en los noventas, a estas alturas el derrotero de las letras ya parece mostrarse como una suerte de inocente confesionario, un expediente de historias en donde el protagonista se revela como un observador acucioso de todo aquello que lo rodea y que trata de tomar distancias “…Prefiero dejarlos a un lado y reír porque hoy les fascina tanto el pop aunque no los escuchen…”
Si tendríamos que escoger un single para difusión radial ese seria sin dudarlo Artistas limeños unidos una declaración de principios deliciosamente snob y panfletaria en formato pop. Para llamar la atención es el pasaje mas denso, otro punto alto en un disco a estas alturas bastante irregular, unas guitarras notables que por momentos me remiten al universo sonoro de los destellos, un acierto total en suma. Pero cuando el disco parece alzar vuelo, aparecen canciones tan olvidables como Fin y Herman Webster donde el disfuerzo vocal es tan innecesario como impostado. Yo aun recuerdo tu cumpleaños es otro ejercicio pop de sofisticado trabajo de guitarras y letra pobre pero que de seguro será coreada por sus fans mas incondicionales.
El disco se despide con una gema en donde tanto la voz como la música suenan compenetradas, un viaje sónico sin lugar a dudas, y una letra soberbia “…Nos alejamos de estos tiempos y no queremos admitir que nos aburre la idea de tener que responder…”
La ciencia y el arte de la falsificación es al final un disco fallido, pero que nos muestra a una banda interesante que según me dijo Julio Prófugo, tiene un muy buen directo.
Dhallman.