No hay un solo día en el que no escuche algo que no deje de parecerme genial y que rescate esa envidia traviesa que todos llevamos dentro, ayer por ejemplo, el técnico que tiene que venir a revisar las computadoras de mi casa, me llamó y entre los argumentos que esgrimio para disculparse por su falta de puntualidad dijo una verdad universal que en sus labios de tipo sinvergüenza y hablador no perdían un milímetro de verdad siquiera:
- Es que mi hermano, en cuestiones de trabajo yo no soy dueño de mi tiempo, ni siquiera cuando estoy en mi casa soy dueño de mi tiempo-
Todo bien chochera fue lo que le respondí, que podía decirle.
Hoy muy temprano antes de sentarme a la mesa a tomar el desayuno mientras me afeitaba pude oír a mi hermana decirle a mi madre – Un hijo es una bendición, dos son una angustia, tres son un problema y cuatro son una locura – Casi me corto con la navaja del shock.
Filosofía cotidiana.