Y si pues después de tanto divagar y huevear decidí volver a escribir, sin ninguna pretensión, simplemente escribir, reconciliarme con el teclado y empezar el expediente de mis días, que valgan verdades no tienen nada de extraordinarios, pero que en cualquier caso me convierten en un observador empedernido de todo, hoy por ejemplo estuve como una media hora en el Bembos y mas allá de encontrar el local de Aviación super acogedor y sin tanta bulla ni desorden como el de plaza San Miguel por ejemplo, pude notar un nuevo puesto de trabajo en esta cadena de tiendas, dos chicos cada cual bien uniformado y con la mejor de las sonrisas se encargaban de desalojar del local a los chiquillos que cada cinco minutos entraban furtivamente con su cargamento de caramelos y melcochas para vendernos a los comensales, cada cual mas sucio y con el mismo discurso : compra pe, porfas. No necesito decir que nadie compraba, ni siquiera yo (mea culpa merecido) los chicos los echaban del lugar y ellos se iban sin oponer resistencia pero volvían a los pocos minutos cuando la puerta se abría para que entre algún nuevo cliente. Nadie siquiera se inmutaba ante este espectáculo, todos seguían con lo suyo, nadie parecía notar lo que yo estaba viendo. Después de un cuarto de hora de presenciar el mismo programa que ya empezaba a encontrar francamente muy cómico, caí en cuenta de otro detalle bastante revelador, todos los chiquillos que entraban y salían furtivamente con sus bolsas de golosinas eran cholos, indios, serranos, o como prefieras llamarlos, y todos los que estábamos sentados comiendo no lo eramos, termine de comer y me fui con los audífonos del Ipod a todo volumen escuchando Imposible Germany de Wilco por enésima vez, ya no estaba en el Bembos, sin embargo por alguna razón no dejaba de pensar que nunca antes había tenido tan cerca la historia del Perú. Y es que esta ahí, pero claro, nunca la reconocemos.
Tratados sociales
16 04 2011
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